Crimen de odio en nombre de la religión
El primer día del 2019 nos sorprendió con la triste noticia de la muerte de Moisés, un adolescente LGBT de 17 años del distrito de Saposoa (San Martín), asesinado a balazos por su padre, quien no aprobaba su orientación sexual. Tras disparar a Moisés y a su madre (quien resultó herida por defenderlo), el progenitor rezó pidiendo perdón a Dios por los pecados cometidos por él y por su hijo: “Perdóname Señor, por todo lo que he cometido en esta tierra y te pido que cuides a mi hijito, no lo desampares, dale consuelo”. Posteriormente, acabó con su vida suicidándose.
Este crimen de odio nos duele y nos obliga a reflexionar acerca de cómo se inculca la homofobia en nombre de la religión. Apelando a textos sagrados, desde púlpitos y tribunas se promueven discursos de odio que llaman al rechazo, la marginación y la violencia contra la población LGBTIQ:
«Los homosexuales deben morir al igual que los corruptos, ateos, porque no son obra de dios (…) Si encuentran a dos mujeres haciendo sexo, ¡mátenlas a los dos!” (pastor Rodolfo Gonzáles, Movimiento Misionero Mundial).
“¿Derechos? No se puede hablar de un derecho cuando se está hablando de una aberración sexual, de un vicio sexual. ¡No hay derecho para la aberración sexual!” (pastor Alberto Santana, El Aposento Alto).
“Si bien respetamos al homosexual como persona, no podemos aceptar la homosexualidad como tal. Esa práctica no es aceptable en la Iglesia” (pastor y congresista Julio Rosas).
Nada nos devolverá la vida de Moisés. Pero podemos luchar para evitar que niñas, niños y adolescentes LGBTI se conviertan en nuevas víctimas mortales de la homofobia.

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